La bella locura de participar en una exhibición de Lucha Libro Canarias.

La bella locura de participar en una exhibición de Lucha Libro Canarias.

El pasado mes de septiembre tuve la inmensa suerte de participar en el torneo de exhibición que Lucha Libro Canarias organizó en la isla de La Palma, a través del Festival de la Palabra puesto en marcha por Proyecto Semilla. Y además de divertirme mucho, he de decir que ¡salí vencedora de la batalla! 

¿Que no sabes qué es esto de Lucha Libro? Pues se trata de una iniciativa que fusiona literatura e improvisación. (Dos de mis grandes pasiones). O lo que es lo mismo: es un campeonato de improvisación literaria en el que compites con otro adversario para escribir, en un tiempo récord, un relato (o más bien microrrelato) a partir de tres palabras escogidas al azar. ¡Todo un reto, queridos!

Además, lo curioso del asunto es que mientras que tú escribes (tecleando como puedes en un ordenador situado sobre un escenario) tus palabras pueden seguirse, en directo, a través de una pantalla gigante conectada a dicho portátil. Sí, señores, no es momento de olvidar tildes, ni de dudar sobre ciertas reglas ortográficas.

En fin, sólo puedo decir que la experiencia fue supercalifragilísticoespialidosa. Y que ojalá que la iniciativa se extienda cada vez más a otras ciudades y comunidades.

Por mi parte, sigo creyendo en la literatura (y cada vez más en la poesía) como una forma de vida que trasciende lo que uno escribe. Y en la improvisación como una manera de bailar con nuestros miedos más oscuros y absurdos.

Recojo las palabras de la cantante y poeta Patti Smith, en su libro autobiográfico “Éramos unos niños”, para despedirme de vosotros y contaros uno de mis secretos:

“Cuando llegamos a la parte en la que teníamos que improvisar una discusión en un lenguaje poético, me entró miedo.
– No puedo hacerlo -dije-. No sé qué decir.
– Di lo que sea -me propuso Sam-. No puedes hacerlo mal cuando improvisas.
– ¿Y si meto la pata? ¿Y si fastidio el ritmo?
– No puedes -dijo él-. Es como tocar la bateria, si te saltas un compás creas otro.
En aquella sencilla conversación Sam me enseñó el secreto de la improvisación, un secreto al que he recurrido desde entonces.”